domingo, 12 de julio de 2009

Fiebre H...ABC1


Por Vicente Painel Seguel

Qué mejor metáfora de la tesis del chorreo que la fiebre porcina. En efecto la fiebre cual plaga bíblica llegó en avión desde sitios extranjeros de veraneo, donde los deciles más pudientes de la población retozan bajo el sol y el agua esmeralda. La fiebre se transmitirá al resto de capas de la sociedad desde la cúspide de ingresos, a través de paradójico vehiculo: las trabajadoras de casa particular, los jardineros y los profesores. Las pocas copas de cristal se llenarán de champagne, tanto, que chorrearán llenando las copas de vidrio, los vasos, tasas y tachos que las sostienen.

Y es que ya van por lo menos dos generaciones criadas bajo el argumento de que entre más ricos sean los ricos, más progreso habrá. Hay que proteger la sacrosanta inversión trasnacional, la gobernabilidad tautológicamente se ha convertido en la primera misión de los gobiernos. La ética fue desplazada por la escolástica de la “ley de la oferta y la demanda” y por más que se demuestre que las transnacionales generan poquísimo empleo, la verdad mercantil esta instalada como roca cultural incuestionable. La demanda de trabajo está justificada como el derecho a endeudarse, en tanto facultad de consumo. Trabajo y dignidad es una ecuación pasada de moda, ahora más bien la libertad consiste en la posibilidad de imitar los gustos de los ABC1 y en consecuencia sus comportamientos. Por fin, todos seremos iguales, todos padeceremos la fiebre del hedonismo y seremos por fin equivalentes. Todos juntos padeceremos el resfrío de los puercos.

Justo ahora que el reformismo reniega hasta de su propia naturaleza y se hace partícipe de las acciones de las sociedades anónimas para delinquir, que se han sustituido los petitorios por mejores facultades de postulaciones a proyectos “sociales”, la champagne parece haberse agotado. ¿Cómo sobrevivirá el arcaico que se había preparado para el crudo invierno juntando frutos secos, si el invierno que se avecina parece ser más crudo y más largo de lo esperado? Una sola solución habrá en la lógica parasitaria: el canibalismo. Habrán de vender las últimas empresas del estado cuando ya no quede ahorro fiscal, gran plataforma del Estado subsidiario. Genial fórmula de los economistas graduados en Chicago, Yale, Harvard.

¿Será tan sigilosamente fangosa la panorámica?

Pero bueno, qué sabremos nosotros los profesores, nosotros los trabajadores, los artistas, los basureros, de economía, gobierno, de Estado, de Poder. Para nosotros nos han dejado los mall, para los que saben están las leyes, los permisos…

Pero no, que no nos metan el dedo en la boca.

La necedad de despertar cada día madrugador, en la aurora, antes del medio día del siglo XIX; para hacer la revolución de tierra y libertad en pleno siglo XXI, no es una convicción romántica. Varias esquinas y músculos de la América del Sur se movilizan para otro lado, se juntan en empeños, asocian empresas estatales, computarizan y hacen participativa la gestión de la industria nacional, crean cooperativas y empresas autogestionadas productivas, invierten en educación y procuran que esos recursos lleguen a los niños, através de gestión y propiedad social de la educación, salud, vivienda. Hay una América del sur que crea derecho, que convierte a los Estados en una representación responsable de la sociedad, pueblos que se han dotado de sus propias leyes a través de asambleas constituyentes, que consagran la naturaleza como un ser vivo, y reivindican la sabiduría práctica de los pueblos originarios como ciencia, ahí van Bolivia, Ecuador, ahí comienza a andar El Salvador, ahí van varios. Que Chile esté al revés, no quiere decir que nada de lo que está en plena crisis mundial no sea cuestionable. La verdad, aquella señora tan esquiva para los humildes, está nuevamente en disputa. Esa es la verdad, ya no nos pueden decir que algo no es posible, porque todo poquito a poco vuelve a ser posible.

Los ojos de nuestro multicolor una vez más, vuelven al sur... y la fiebre? Muy fácil: No hay que andar haciendo pactos con los que veranean en donde prenden “puros” con billetes de dólar.

El arte de sumar consiste en no ser sumados, o sea como decían pitagóricos y Mayas, si se suman números negativos, se resta.

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